La diseñadora veneciana Lucia Massari fue invitada a reinterpretar el icónico frasco en forma de stiletto desde la tradición del vidrio de Murano. Su punto de partida fue la propia isla: sus talleres, sus hornos, su linaje de artesanos. Su papel consistió en investigar, escuchar y reunir a las manos adecuadas para traducir la tensión característica de la fragancia — control e indulgencia, luz y profundidad en equilibrio — en vidrio.

Tras meses de conversaciones y experimentación, eligió el vidrio de borosilicato para el cuerpo del frasco, desarrollado junto a Ash Polzer, artista estadounidense que forjó su práctica dentro del tradicionalmente masculino mundo del vidrio en Murano. Su trabajo amplía el lenguaje de la artesanía local con una precisión contemporánea y sutilmente disruptiva.

Para el gesto final, Massari recurrió a Luigi Varagnolo, uno de los últimos artesanos especializados en los elaborados motivos florales y volutas de la ornamentación de los espejos venecianos. Su contribución, una delicada flor de vidrio que corona el stiletto, introduce una nota de fragilidad, casi de ironía, frente a la firmeza de la silueta.





El resultado no es una reinterpretación literal, sino un desplazamiento en el significado del material. El stiletto se vuelve más ligero, transparente, casi arquitectónico. Un objeto suspendido entre la memoria y la reinvención.

Concebido como una pieza de colección, Good Girl Murano está limitado a diez frascos en todo el mundo, cada uno hecho a mano en Murano.










